Cuentos efímeros -y no tanto- para días en que no pasa nada

miércoles, 12 de mayo de 2010

Inédita continuación de “El dinosaurio”

Cuando despertó, el dinosaurio todavía estaba allí.

— ¡Tráeme el desayuno!  ¡No te quedes allí parado! —Le exigió malhumorado el hombre.

2 comentarios:

Jesús Contreras dijo...

:-) Si sólo era llevárselo, no lo veo complicado. Otra cosa sería que tuviera que preparárselo. Un dinosaurio debe ser un tanto patoso.

Saludos,

Anónimo dijo...

jajajaja... me pregunto como se las arregla un dinosaurio para hacer un desayuno ordinario...
^_^